Teletrabajo, no eres tú, soy yo.

¿Que? Estresante esto del teletrabajo ¿verdad?

Echa cuentas de cuantas vías de acceso electrònico a ti tienes abiertas.  Whatsapp, mail, teléfono, teams o análogo. ¿En cuantos dispositivos?, teléfono, Tablet, ordenador, como mínimo.

O sea. Hemos cerrado la puerta del despacho, y hemos abierto todaaaaaas las que nos ofrecen las tecnologías. 

¿Acaso más canales y más dispositivos es sinónimo de más productividad?

Ni por asomo. De hecho, puede ser síntoma de menos productividad, y amenaza de abordaje a cada minuto. Que en realidad es lo que ocurre la primera semana de adaptación a esta situación.

Veréis. En términos de gestión del cambio en materia de implantación de administración electrónica, ya es consabido que la maniobra de trasladar los hábitos relacionados con el tráfico del papel a los entornos tecnológicos no funciona. Lección número 1.

Pero la lección número 2, una vez estás en condiciones de trabajar electrónicamente, reside en que no se puede trasladar la dinámica de la oficina, a casa.

Ni la agenda puede gestionarse igual. Ni la audiencia a los miembros de la organización puede concederse de la misma manera. Ni tenemos porqué comunicarnos más que cuando trabajamos en espacios contiguos. Ni el tiempo a dedicar a los asuntos, reuniones, y gestiones es el mismo.

Vamos por partes:

  • Como gestionar la agenda. Cuando programamos desde el trabajo presencial, nuestro esquema mental tiene siempre previsto el tiempo añadido para el desplazamiento, la retenciones en la carretera, cuanto tardaremos en aparcar… En Teletrabajo, las reuniones empiezan puntuales, tremendamente puntuales. Así que cuando programemos, centrémonos exclusivamente en el tiempo que vamos a dedicar a tratar el tema objeto de la reunión. Y tened en cuenta un hecho: en virtual las reuniones necesariamente han de ser más cortas. Por alguna razón, los participantes se centran más en lo que toca, y además si las pretendemos igual de largas que las presenciales, no hay quien las aguante.
  • La audiencia a quien quiere hablar con nosotros. Que extraordinaria costumbre esa de llamar a la puerta y esperar a que te den paso ¿no es así?. Pero en Teletrabajo no tenemos puerta a la que llamar. O peor, tenemos más de una, y que no espera ninguna autorización para proceder. Ya lo hemos sufrido todos. Estás en una vídeo-conferencia y te llaman por teléfono mientras alguien te convoca a un contacto por Teams (es que se ha puesto radicalmente de moda) o cualquier otra herramienta de trabajo en grupo. ¿Qué debemos hacer pues?. 
    • Si estamos en una reunión virtual, pues lo mismo que haríamos en una reunión presencial, silenciar el resto de dispositivos.
    • En cualquier otro caso, administrar a qué atendemos, y con qué urgencia. Para ello es muy útil, en lo que refiere a los miembros de tu organización, establecer una video-reunión de equipo para programación y reencuentro cibernético al empezar la jornada de máximo 15’, donde compartir los compromisos del día, y en ese momento negociar las peticiones de atención ( en la medida de lo posible, que lo es más de lo que parece). Es bueno también otra video-reunión de equipo a media hora de terminar la jornada “oficial”, para balance del día, y reírse un poco, que viene muy bien en estos tiempos. 15’ más.
    • Los clientes nos van a interrumpir de la forma habitual, y no tiene nada de extraño. Se les atiende de acuerdo con las posibilidades. “As usual”·
    • En el escenario de teletrabajo, deben programarse mucho más los encuentros para comentar, despachar o decidir temas que no requieren más que un momento, justamente para evitar este perpetuo abordaje al que nos vemos sometidos. Aunque sea un momento, concretemos, y reservemos.
    • Observemos si a menudo abusamos del preguntar para evitar pensar. Puede que en estos días nos demos cuenta de que somos más autónomos de lo que normalmente ejercemos.
    • La necesidad de comunicarnos. Un efecto curioso del teletrabajo es la necesidad exagerada de comunicarnos que nos aborda. Observad una par de cosas :
    • “No he escogido estar trabajando solo”: Cuando el modelo de trabajo es el presencial, solemos decir “mañana haré teletrabajo que así rindo más y no me interrumpen tanto.” Y en realidad es así. ¿El motivo? Que lo asociamos a un día de aislamiento buscado intencionadamente. Ahora bien, no es ésta la circunstancia actual. Nos han literalmente “arrancado” de nuestro espacio presencial compartido, para desplazarnos “sine die” a trabajar desde casa. Sentimos pues necesidad de recuperar el contacto, y ello se traduce en un abuso de conexiones con el resto del equipo. 
    • “Que sepan que estoy trabajando a tope”:  Damos por hecho habitualmente que el movimiento continuo es demostración de mucho trabajo. Es aquello de “ me muevo luego trabajo”. Si eres de los que piensa eso, sentirás ansiedad de contacto continuo con los miembros de tu organización como una forma de satisfacer esta leyenda urbana. Quien trabaja produce. Quien se mueve de un lado a otro, o no para de contectar y hablar con todo el mundo, no necesariamente.

Intentemos no abusar. No favorece nuestra productividad, y menoscaba la de los demás a los que llamamos continuamente.

Si necesitamos contacto humano, adelante, pero administremos nuestros tiempo pensando en el de los demás. Para el contacto humano, minutos programados, pactados y para reírse y cargar pilas, aunque sea en ese supuesto tiempo de trabajo ( y digo supuesto porque en teletrabajo, eso del horario también hay que aprender a gestionarlo y no pasarse)

  • Gestión del tiempo. El teletrabajo viene cargado de intensidad. Estar sin l@s compañer@s habituales, nos impide momentos de comentarios, de chiste, de anécdota, de filosofía rápida, y ello nos conduce a una concentración acentuada. Os habéis preguntado estos días ¿porqué rendimos más durante el teletrabajo?. No enumeraré aquí los motivos, que otros articulistas más especializados, estos días, ya han informado con claridad, pero es así. Rendimos más. Y nos cansamos más. Porque nos relajamos menos.

Pues última reflexión: en teletrabajo, todo requiere menos tiempo porque la dedicación es más intensa y exenta de distracciones ( salvo el momento en que el perro -en mi caso- viene a pedir mimitos). No cometáis el error de reservar el mismo lapso de tiempo que si estuviésemos en un escenario presencial ordinario. Menos es más, también en esto.

Me atrevo a preguntar: ¿una jornada en teletrabajo debería ser más corta que en trabajo presencial? Mi respuesta es sí. Sí, si los objetivos se alcanzan. Como siempre. Lo importante no es el tiempo que le dedicas sino la efectividad con que lo haces.

Aquí os dejamos a Life y a Noon, una de nuestras distracciones al hacer teletrabajo. En realidad ellas estan encantadas de tenernos por casa, pero también quieren su dosis de mimos 😉

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